Hay un momento en la escritura de casi cualquier libro del que nadie te habla cuando empiezas. Ya pasó la emoción de la idea, ya escribiste bastante, pero el final todavía está lejos, y de pronto todo lo que tienes en la pantalla te parece torpe.
Las frases no suenan como las imaginabas y los capítulos parecen tener agujeros por todas partes. Una voz interior empieza a preguntarte quién te crees para estar escribiendo un libro.
Es el punto en el que piensas «tengo ganas de abandonar mi libro», y en el que mucha gente cierra el archivo y no lo vuelve a abrir.
En No Más Excusas, Escribe Tu Libro le puse nombre a esa etapa: el caótico medio. Y quiero decirte algo que me habría gustado escuchar a mí: si estás ahí, no vas mal. Probablemente vas exactamente donde tienes que ir.
Cómo se ve el caótico medio desde dentro
Todo autor publicado conoce este secreto: siempre llega un punto del proceso en el que vas a querer renunciar. No le pasa solo a los principiantes ni a quienes escriben mal. Le pasa a todos.
Lo que cambia es cómo se interpreta. Quien no sabe que esta etapa existe la lee como una prueba de que el proyecto fue un error. Quien sabe que existe la reconoce como lo que es: una fase normal y, sobre todo, temporal.
El caótico medio es la etapa en la que tu libro deja de ser un borrador en bruto y empieza a convertirse en un manuscrito pulido. Es una transformación, y las transformaciones casi nunca se ven bonitas mientras ocurren.
Por eso me gusta tanto la imagen de la oruga y la mariposa. Cuando comparas tu primer intento con el libro terminado de otra persona, estás comparando una oruga con una mariposa, y esa comparación siempre te va a hacer sentir pequeño.
El libro que admiras también pasó por su etapa de oruga. Tú no la viste, porque nadie publica esa parte.
La brecha entre tu gusto y lo que escribes hoy
Hay una explicación muy honesta de por qué esta etapa duele tanto, y viene de Ira Glass, una conocida personalidad de la radio en Estados Unidos. Él decía que quienes hacemos trabajo creativo nos metemos en esto porque tenemos buen gusto.
El problema, según Glass, es que hay una brecha. Durante un tiempo lo que produces no es tan bueno como quisieras: tiene potencial, intenta ser bueno, pero todavía no lo es. Y tu gusto, que fue lo que te trajo hasta aquí, sigue siendo implacable.
Me parece una de las ideas más liberadoras que conozco para un autor. La incomodidad que sientes al releer tu borrador no prueba que no sirves para esto. Prueba que sabes distinguir entre un texto bueno y uno que todavía no lo es.
Si no tuvieras criterio, el borrador te parecería perfecto y no habría crisis. La frustración nace justo de que ves con claridad la distancia entre lo que escribiste y lo que quieres escribir.
Y esa distancia no se cierra pensando en ella. Se cierra escribiendo, revisando y volviendo a escribir.
Lo que le pasó a Pedro en las 30.000 palabras
En el libro cuento el caso de Pedro, que estaba escribiendo sobre liderazgo empresarial. Pedro se topó con esta pared cuando llevaba unas 30.000 palabras, justo en ese terreno incómodo en el que ya invertiste demasiado como para abandonar, pero todavía falta mucho para terminar.
No forzó la máquina ni se castigó. Se tomó una semana libre y luego regresó con ojos frescos y nueva determinación.
Lo interesante es lo que vino después. Ese tramo difícil se convirtió en la plataforma de lanzamiento para sus capítulos más fuertes, porque esa fase lo obligó a profundizar más y a encontrar el verdadero corazón de su mensaje.
Creo que eso es lo que casi nadie ve del caótico medio. La crisis aparece cuando el contenido superficial ya se agotó y el libro te pide ir más hondo. Ahí, precisamente ahí, suele estar lo mejor que tienes para decir.
Tres formas de atravesarlo sin abandonar
Lo primero es pedir retroalimentación a lectores de confianza. Cuando llevas semanas dentro de tu texto pierdes perspectiva, y una mirada externa te devuelve algo que tú ya no puedes ver: qué funciona, qué se entiende y qué está mejor de lo que crees.
Si quieres hacerlo con método, te recomiendo leer sobre el poder de dejar que otros lean tu libro antes que el resto del mundo. Elegir bien a esos primeros lectores marca la diferencia entre una crítica que te hunde y una que te impulsa.
Lo segundo es recordar por qué empezaste. No me refiero a una frase motivacional pegada en la pared, sino a volver a la persona concreta a la que quieres ayudar con tu libro y al problema que quieres resolverle.
Cuando el texto se vuelve pesado, pensar en ese lector le devuelve sentido al esfuerzo. Ya no estás puliendo frases para impresionar a nadie, sino terminando algo que alguien necesita.
Lo tercero es cambiar de sección. Si estás realmente atascado en un capítulo, date permiso para saltarlo y avanzar por otra parte. Sigues progresando, y mientras tanto tu mente trabaja en segundo plano en el problema que dejaste pendiente.
Lo que no tienes que hacer en esta etapa
Hay una tentación muy fuerte en el caótico medio, y es ponerse a corregir todo lo escrito antes de seguir. Parece responsable, pero casi siempre es una forma elegante de no avanzar.
Tu objetivo en esta fase es terminar el primer borrador, no escribir un libro perfecto de inmediato. Piensa en ese borrador como arcilla en bruto: no tiene que ser bonita, tiene que existir para que después puedas moldearla.
Escribir y corregir al mismo tiempo es una de las trampas más comunes, y lo explico con más calma en cómo pasar de la página en blanco al borrador completo sin sufrimiento.
Y si decides hacer una pausa, como Pedro, ponle un final. Una semana con fecha de regreso es descanso. Una pausa sin fecha suele convertirse en abandono.
El caótico medio es donde ocurre la magia
Si hoy miras tu manuscrito y sientes que no vale nada, quiero que lo leas de otra manera. Estás en la fase en la que el libro se transforma, y esa transformación es incómoda por definición.
No dura para siempre. Los momentos difíciles pasan, y muchos autores descubren después que sus mejores capítulos nacieron justo en ese tramo en el que estuvieron a punto de rendirse.
El método también ayuda a que esta etapa sea más corta y menos solitaria, algo que aprendí en carne propia y que conté en lo que me enseñaron mis tres primeros libros.
Si quieres atravesar el caótico medio acompañado, en el curso No Más Excusas: Escribe Tu Libro te guío paso a paso, también en esos tramos en los que dan ganas de dejarlo todo, para que llegues al final con un libro real en las manos.



